Barcelona esta enferma 10-06.09

Barcelona esta enferma.

“Iconofilia”, así como suena. Nuestra ciudad está iconofílica, y al parecer no existe

intención alguna de encontrar un remedio que la haga sanar.

Desde la olimpiada de 1992 en que se levantaron las torres gemelas, (hotel Arts, y  la torre

Mapfre), nuestra ciudad ha entrado en una vorágine competitiva, por parte de los genios

del diseño, que no cesan de levantar torres de Babel,  en una pugna por construir lo que en

un futuro pueda llegar a ser el icono de nuestra ciudad.

El último, –y que se levanta en mi barrio–, es ese magnifico hotel vela que tan

descaradamente nos han plagiado algunos países como Dubai, según manifiesta

nuestro genio “catalán” de la arquitectura, y el diseño, Ricardo Bofill.

Existe la leyenda negra que en primaria Ricardito fue expulsado de clase en algún que otro

examen de de F.E.N por copiar.  Pero lo cierto es que Bofill, termino la carrera  –y no me

refiero a la de copión– con buena nota.

Iconófilos, e iconoclastas, viven en un enfrentamiento constante, debido por una parte al

hecho que nadie conoce  que parámetros utilizan las instituciones para adjudicar esas

monumentales obras que encumbran, y seguramente enriquecen a los primeros, y

ningunean y condenan al ostracismo a los segundos.

Lo que si tenemos claro los ciudadanos de a pié es, que el precio que pagamos no solo es

económico; esos nuevos iconos han hecho desaparecer otros que sin ser tan altos servían

para dar personalidad a nuestra ciudad, y de paso, servicio a los ciudadanos de todas las

condiciones sociales, –no como los nuevos–.

Me refiero al Porta Coeli, ese restaurante cuyo derribo se está realizando sin nocturnidad,

pero con alevosía, y en el mas estricto secretismo. El edificio amenaza ruina, –eso es

verdad–, en parte por el abandono que ha sufrido los últimos diez años, lo mismo que el

rompeolas, que le fue amputado al barrio de la Barceloneta, ante la pasividad y la

resignación de los vecinos, que ya nos hemos acostumbrado a aceptar la fatalidad como

algo cotidiano.

El Porta Coeli era parada y fonda de todas aquellas parejas de después de dar rienda suelta

a todas las pasiones acudían libres de “polvo y paja” a recuperar fuerzas con unos

calamares a la romana, o unos mejillones a la marinera, que eran los platos típicos de

aquel santuario que junto al faro, señalaba la entrada a nuestro puerto.

También cayó, en el otro extremo del rompeolas otro pequeño icono, el Rocamar famoso

por las paellas. Nadie supo cuando ni como, simplemente, un buen día ya no estaba. Estoy

seguro que este edificio con forma de vela, diseño original de RB

–no me cabe la menor duda– dará a los ciudadanos de Barna, un servicio que hará que no

echemos de menos a los anteriores y que con los años incluso llegaremos a sentirnos

orgullosos de el.

Aunque sin parejas, pasiones, calamares ni mejillones, resultará dificil.

Vicens Forner

~ por vforner en octubre 10, 2009.

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