Casa Eligio

Sería una barbaridad viajar  a Santiago de Compostela y no visitar su catedral, como también lo sería pasear por Finisterre sin conocer su faro de “fin da terra” con su legendaria puesta de sol. De eso saben mucho los peregrinos, mucho mas que los gallegos, que tal vez por el hecho de pensar que ambos van a estar siempre ahí, no lo valoran.  He recorrido la costa de la muerte desde Malpica (Coruña) hasta Muros. He visitado cada uno de los pueblos y aldeas con sus respectivos faros, he disfrutado de la amabilidad y la hospitalidad de sus gentes, de la buena comida cocinada con orgullo en bares y restaurantes familiares, (gallegos todos), pero no me he detenido en Muros, he continuado hasta la ciudad de Vigo para seguir mas tarde –siempre recorriendo la costa– hasta Tui (frontera con Portugal).  Pero volviendo a las barbaridades, la mayor de todas seria que estando en Vigo pasaras por alto una visita a un santuario que deja la catedral de Santiago y el faro de Finisterre en segundo y tercer lugar. Se trata de un mesón oculto a las miradas del turista donde se dan cita esos personajes conocedores de la “boheme viguense”. Pintores escritores, artistas y artesanos, preciadores del buen vino y mejores tapas, adictos a la tertulia, y  a la buena mesa que devoran entre pulpo y Alvariño cualquier tema de conversación.  El dios Baco de aquel olimpo de la buena mesa se llama Carlos, y el santuario responde al nombre de “casa Eligio” en un callejón de la ciudad que contrasta con las grandes avenidas peatonales con infinidad de terrazas, y un “mercado de la Piedra” que no dan abasto, casa Eligio es un oasis donde los nativos de Vigo encuentran el calor de lo autentico, comen y beben atendidos por Carlos que no pierde detalle de las tertulia enriqueciendo si cabe su nivel. La bodega esta repleta de pinturas, y dedicatorias –regalos– de artistas famosos que consideran un honor tener su obra expuesta en aquel refugio.  Carlos me hizo el honor de aceptar un ejemplar de mi libro que habla de la historia de mi barrio, –la Barceloneta– nos tomamos varios vinos, y después de indicarme el mejor lugar para comer ostras (Vieiramar en Arcades) nos despedimos con un abrazo.

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~ por vforner en septiembre 20, 2013.

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